La isla - Andrés Felipe Marulanda

En esta isla, donde el mar brilla y las montañas se asoman; en este lugar famoso, donde los barcos arriban y se comercializan diferentes tipos de productos; lugar de personas trabajadoras, donde se venden cajas, tela, ropa, comida, peces, incluso hierro; donde se venden diferentes productos y se hacen trueques, vive una familia. Esta familia tiene dos hijos: Aurora y su hermano menor.

¡Sí, ese soy yo! Soy Mhair y ella es mi hermana.

Cuando mis padres estaban pensando en qué estudiaríamos, decidieron que mi hermana sería abogada y yo sería el médico de la familia, pero después de estar yendo a clases sentí que eso no era lo mío. Ser médico no, no era lo mío. Le decía a mi hermana que me iría a la biblioteca y en silencio me escapaba. Allí cogía los diferentes libros que me interesaban, tomaba uno tras otro. Los ponía sobre la mesa y empezaba a leerlos. Todo el tiempo los leía; leía uno, luego el otro, me sentía apasionado. Sentía que los idiomas eran lo mío, y la geografía, con eso sí me sentía identificado.

Recordé años atrás cuando mi papá, un vendedor, atendía a todo tipo de personas. Llegaba gente con ropa extraña y con animales exóticos, pero no se comunicaban hablando, no, ellos lo hacían mediante la gestualidad. No necesitaban hablar, pero entre ellos mismos se conocían. Un día, uno de ellos me miró y yo lo saludé. Se quitó una cadena con una forma extraña y me la puso, luego se fue. Recuerdo que allí manejaban diferentes idiomas, llegaban personas vestidas de formas extrañas y hacían cosas poco habituales. Tenían culturas diferentes.

Al recordar este suceso miré nuevamente la cadena, pues aún la tenía, pero al detallarla vi que tenía unas letras extrañas que decidí buscar en todos los libros. Eso me llevó todo el día, pero seguí buscando. Al finalizar las clases me encontré con mi hermana. Le conté que había buscado durante todo el día en todos los libros sin encontrar nada. No sabía qué significaba lo que decía en esa cadena.

–Ven, vamos, hablemos con el profesor de artes. Tal vez él sepa el significado o nos pueda ayudar –dijo mi hermana.

–¿Usted sabe qué significa esto? –le dije al profesor.

Al mostrarle la cadena él la tomó, se llevó la mano a la cara y dijo:

–Es un idioma extraño, creo que es de muy lejos.

Le pregunté de dónde era y me respondió:

–Tal vez de la Isla de las Antillas.

Al oír eso, me emocioné mucho. No sabía qué hacer. Decidí tomar todas mis cosas y emprender camino. Abracé muy, muy fuerte a mi hermana y me fui en un barco, que al golpear con las olas me mandaba de un lado a otro. Cuando me bajé del barco empecé a observar todo. Había árboles, pero no se escuchaba nada, todo era silencio. Se acercaron muchas personas a mí. Al verlas, noté que todas tenían la misma cadena, era la misma y todos me miraban. Pero había algo más, todos se comunicaban mediante señas.

Uno de ellos me dijo que me presentaría a su jefe. Cuando caminé tras de él, vi que tenía la misma cadena, dijo que me iba a guiar por el recorrido. Al llegar allí vi todo el lugar, todo estaba en perfecta calma y todos se comunicaban mediante señas. Un águila descendió rápidamente y se posó sobre su brazo, quedé asombrado cuando vi esto. Él me guio por todo el lugar y me dijo que yo pertenecía allí. Fui muy feliz.

Conozca las otras historias ganadoras de Sin Barreras

Ilustración en acuarela de Martha Sánchez

La serpiente Draculavirus

Sergio Alejandro Araque Bello: Ganador de Categoría cuento para personas con discapacidad intelectual

Ilustración en acuarela de Martha Sánchez

Secuestro exprés

Cristian Camilo Orozco Escárraga: Ganador de Categoría cuento para personas con discapacidad visual